Las que da una instalación que ya tiene unos años y a la que se le pide más que cuando se hizo. Santa Marta pasó de 9.392 vecinos en 1996 a 14.756 en 2010, y desde entonces apenas ha crecido[1]: el grueso de sus pisos y adosados se construyó en esa etapa, así que hoy muchos superan los quince o veinte años de uso.
En esas viviendas vemos sobre todo diferenciales que saltan por humedad en cajas de terraza o enchufes exteriores, automáticos que se disparan al juntar horno, placa y termo, y bornes del cuadro que se han ido aflojando. No es una instalación vieja, pero conviene revisarla antes de añadir aire acondicionado, inducción o un cargador en el garaje; lo vemos en instalaciones eléctricas.